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sábado, 3 de diciembre de 2011

" Rostros ocultos"







¡Clic!¡Clic!¡Clic!........
Gina andaba con el paso raudo que sus zapatos de tacón de aguja  le permitían. Por lo general su mentón iría alto, su espalda erguida y sus caderas se contonearían rayando la exageración. En aquellos momentos no era así y su forma de andar glamurosa  había pasado a segundo plano.
Unas cuantas abdominales al levantarse y antes de darse un ducha, prevenían, que su espalda  fuese deformándose a causa de ese tipo de calzado que ella lucía a diario, esfuerzo que ella consideraba menor si con ello conseguía sentirse lo mas sexi posible.
De su hombro colgaba un bolso de piel, color marrón y los herrajes metálicos, el logo de Robert Pietri (P R), se hallaba grabado de forma muy discreta por todo el. Ella lo llevaba protegido con la parte interior de su brazo, costumbre contraída después de haber recibido un brusco tirón que la hizo rodar por el suelo hacía ya unos años. Le gustaba como combinaba, aparte de su comodidad, con aquel trench clásico que había adquirido apenas una semana antes y en cuyos  bolsillos iban resguardadas sus manos. De color beige,  cinturón anudado  y de tamaño tres cuartos, lo que permitía, apreciar aquellas largas piernas cubiertas con unas medias rayadas de color oscuro, desde mas arriba de sus rodillas. Le encantaba aquel tipo de prenda , ya que podía lucirla con cualquier tipo de atuendo,jeans, leggins para el día a día, o con un vestido o falda que le daba un aire mas sofisticado. Sus cabellos ondulados de color negro azulado cubrían parte de aquella gabardina hasta la mitad de la espalda.

La noche era oscura y algo fría, de su boca salía aquel vapor producido por la diferencia entre su temperatura corporal y la de la calle que era de cinco grados. Los callejones  que debía recorrer hasta llegar a su destino aún pronunciaban mas aquella oscuridad. Estos eran estrechos, unas aceras angostas por las que apenas si podía caminar una persona sin salirse de ellas, con unos edificios de siete alturas que reposaban, algunos, mas de cien años sobre sus cimientos, y de los cuales, sobresalían aproximadamente un  metro de la fachada, unos pequeños balcones con barandillas de hierro carcomidas por el oxido y un suelo nada fiable. Todo ello en conjunto, contribuía, a que no entrará el mas mínimo resquicio de luz aunque en el cielo luciese una esplendida luna llena. No era ese el caso, una luna menguante era todo lo que podía verse colgada allá en lo alto, y no precisamente desde aquella callejuela. Solo dos farolas, con aquelllas pantallas que debían aumentar la luminosidad de las lamparas, harto desgastadas, iluminaban en parte algunas zonas, mientras que en otras contribuían a alargar las sombras dándoles un aspecto fantasmagórico.



Desde hacía algunas noches hacía el mismo recorrido tras haber acabado su trabajo en aquel club, donde vendía sus servicios a cualquier cliente que estuviese dispuesto a pagar por ellos. Por lo general siempre tomaba un taxi que compartían entre varias compañeras y que las dejaba en la puerta de sus casas, esperando el conductor hasta que ellas se encontraban ya dentro del edificio. El taxista siempre era el mismo y el hombre se sacaba unas buenas propinas por ese trabajo, por ello procuraba que sus mejores clientes no sufriesen ningún tipo de percance.
Había tenido conocimiento de que su antiguo chulo, un yonky que hacía poco había salido de la cárcel, andaba tras su rastro, lo que le obligaba a salir por una puerta trasera que tenía el club y andar por aquellos callejones hasta el piso de una amiga que este no conocía.


Su mirada nerviosa y agudizada por la oscuridad reinante, como si de un felino se tratase, no dejaba de escrutar hacía ambas partes de la calleja, intentando ver en la negrura de  los portales de los edificios y la de los soportales de los escasos comercios que allí se ubicaban. Al mismo tiempo, intentaba descubrir si alguien se ocultaba entre la hilera de automóviles estacionados al otro lado de la calle, a su izquierda.  Aquel presentimiento de ser observada persistía en su cerebro, especialmente aquella noche.

.-Tranquilízate guapa, son tus miedos.- Susurró  intentando inculcarse algo de confianza.

En realidad no se equivocaba, escondidos en las sombras, unos cristalinos ojos observaban como la mujer se acercaba hacia ellos a buen paso.




El tipo colocó su espalda pegada a la pared, tras una hilera de buzones que pendían de la parte interior de la entrada al edificio, y que ayudaban a camuflar su silueta. No era la primera vez que hacía aquello y sabía demasiado bien como hacerlo, allí cobijado esperaría a que su presa pasase ante el.
Unos instantes después la mujer cruzaba ante el portal, una mirada fugaz con el rabillo del ojo no le permitió distinguir aquella figura siniestra que se hallaba oculta en la oscuridad y que se despegó de la pared apenas ella hubo pasado.
Se le acercó sigilosamente por la espalda, el acero de un cuchillo militar botero, con una hoja de 12,5 cm y sierra en su lomo, resplandeció por un instante al ser alcanzado tenuemente por la luz de una de aquellas farolas.


.-¡Estate quieta puta!. Si te mueves o gritas te rajo el cuello.- A pesar de que las palabras del merodeador apenas si fueron un susurro, a ella le sonaron como la tajante orden de un sargento de la legión. Se detuvo en seco al sentir el frío filo del arma que sin llegar a rasgarla oprimía fuertemente su   garganta.
.- ¡Por favor no me hagas daño, te daré el dinero que llevo pero no me hagas daño!.- Suplicó con aquellos rasgados ojos ahora abiertos como platos.
.- ¡Callate o te mato aquí mismo zorra!.¡Pon las manos en la espalda!


Ella obedeció si rechistar, el tipo  colocó habilmente unas esposas alrededor de sus muñecas con su mano libre, apretándolas lo suficiente para que no pudiese zafarse de ellas. Apenas en unos segundos se encontraba esposada a la espalda y con algo parecido a una pelota  de ping pong metida en la boca,  la correa que formaba parte de aquel artilugio sado-masoquista colocada alrededor de su cabeza  oprimía la bola impidiendo que la mujer pudiese expulsarla. Una bolsa de la basura de color negro sobre su cabeza la sumió en una oscuridad total.
El tipo la agarró fuertemente del brazo y tiro de ella.


.- ¡Camina!.- Le ordenó.- Pórtate bien y podrás contárselo a tus nietos.


La mujer temblorosa se dejo guiar, cruzaron los escasos metros que les separaban de la otra parte de la calzada, el tipo abrió el portón trasero de un citroên c4 picasso de color gris y maniobró con la mujer hasta dejarla en posición fetal en el interior del vehículo.


.- No se te ocurra dar patadas ni hacer el mas mínimo ruido o te juro que no lo cuentas.- Aquellas palabras susurradas al oído produjeron un efecto balsámico en ella que había comenzado a  retorcerse y a emitir algunos sonidos ininteligibles.




Sus ojos no soportaron la luz de aquel foco, que sobre un pie metálico  y con una base triangular, se encontraba dirigido a ella al serle retirada la bolsa de plástico, los cerró fuertemente al sentirse heridos por aquella luminosidad repentina. Otros dos puntos de luz de las mismas características se hallaban situados a ambos lados, pero fue, el que se hallaba frente a ella el que le obligó a cerrar sus parpados.


Había transcurrido aproximadamente una media hora desde que había sido secuestrada, tras un viaje de unos quince minutos algunos de los cuales fueron sobre un firme irregular por el traqueteo que el vehículo sufría, este se detuvo y el sonido de una puerta automática de garaje llegó hasta los oídos de Gina, de nuevo el auto se puso en marcha y rodó unos metros. Definitivamente se detuvo y el sonido del motor cesó. El silencio fue roto de nuevo por la puerta que debía estar bajando.
Se abrió el portón del automóvil y y tras sacarla de su interior fue prácticamente arrastrada por aquellas fuertes manos. Su cuerpo tembloroso se dejo conducir.


Algo detuvo los rayos de luz provenientes del foco y la mujer pudo abrir sus ojos. La figura de un tipo alto se había interpuesto entre el foco y su rostro. No podía distinguir sus facciones, pero si, que se trataba de un hombre musculoso y que se encontraba totalmente desnudo, al igual que ella, que ahora estaba sobre un lecho  con sus muñecas y tobillos fuertemente atados a los barrotes de hierro del  cabezal   y los pies de la cama.


Aquel cuerpo de unos noventa kilos de musculo puro se posó sobre ella y ambos rostros quedaron muy próximos uno frente al otro. El antifaz  que llevaba puesto sobre su cara  no evitaba ver que poseía unos rasgos marcadamente varoniles.


.-¡Te voy a reventar puta!.-


Tras haberla sometido en aquella posición decúbito supino  y cuando  toda resistencia había desaparecido, tal vez porque la mujer había comprendido que no tenía nada que hacer ante su agresor, este soltó sus ligaduras, la volteó como si  se tratase de un simple fardo, apretó con una mano la cabeza de ella quedando su mejilla literalmente aplastada contra la almohada y las palmas de sus manos también apoyadas en ella, le pasó su mano libre por debajo del vientre y la izó dejando sus nalgas en alto. La pelota de ping pong que aún llevaba en su boca  apenas si le permitió producir una serie de sonidos indescifrables.






Marta firmó los documentos que su secretario personal había colocado ante ella y el hombre salió del despacho. Se echó hacia atrás en su butaca, la hizo girar quedando frente al ventanal, la persiana extrusionada de lamas orientables le permitían observar el exterior sin ser vista, aunque a decir verdad, no había ningún otro edificio alrededor que tuviese dieciséis alturas, planta en la que ella se encontraba,    desde donde pudiese ser observada. Gustaba de admirar aquel cielo azul surcado en ocasiones por bandadas de aves.
A sus cuarenta y cinco años, era directora de aquella corporación farmacéutica con laboratorios propios desde hacía ya cuatro y aún tenía metas mas amplias en vista.
Si, estaba satisfecha con los resultados de su vida laboral. A pesar de la crisis económica, que les había obligado a bajar sus precios al haberse introducido en el mercado fármacos genéricos de menor coste, la corporación seguía teniendo unos sustanciales beneficios.


Su vida sentimental era otra historia, su marido, diputado por la provincia de Valencia pasaba mucha parte de su tiempo  fuera de casa, especialmente en Madrid. En mas de una ocasión la llamaba al teléfono móvil para decirle que no podría regresar a casa debido a algún motivo referente a su trabajo. Luisa era en realidad la causa, una joven afiliada al partido que impulsaba su carrera acostándose con el hombre en un pisito que tenía alquilado el diputado a nombre de un tercero.
Marta, por casualidades de la vida, ya hacía tiempo que sabía lo de Luisa y la verdad es que no le importaba. Las relaciones en el matrimonio se habían enfriado sexualmente hablando y  aunque la pareja se seguía teniendo verdadero cariño, aquel amor apasionado había ido desapareciendo con el paso del tiempo.


Se volvió de nuevo hacia la mesa de su despacho, de uno de los cajones extrajo una videocámara con reproductor y la puso sobre esta, pulsó un simulado interruptor que se hallaba en un lateral del mueble, automáticamente la puerta quedaba cerrada sin que pudiese abrirse desde el exterior, al tiempo que un pequeño led de color rojo se iluminaba sobre la mea de su secretario advirtiendo a este que no debía ser molestada hasta nueva orden.
Las imágenes se fueron sucediendo una tras otra sobre aquella pared de color beige claro, su cuerpo rememoró aquellos instantes y algo similar a una corriente eléctrica de baja intensidad recorrió su cuerpo de arriba abajo.








El tipo se levantó dejando a la mujer aún boca abajo sobre el lecho, manipuló los interruptores de al lado de la entrada y una sencilla lampara ilumino la estancia a la par que se apagaban aquellos focos que les habían iluminado hasta el momento , se acercó a la cámara de vídeo que también  se hallaba sobre un pie metálico junto a uno de estos y extrajo la cinta mini dv. Todo lo ocurrido desde el primer instante había sido grabado, volvió junto a la cama y dejó la cinta junto al rostro de la mujer.








.- Ahí tienes un posible recuerdo, si no la quieres la destruyes tu misma.- El hombre se quitó el antifaz y se sentó en el borde del lecho mientras decía esto.- Si te apetece darte una ducha el baño está en aquella puerta que se ve al fondo.


Gina giro sobre si quedando sobre su brazo izquierdo al tiempo que avanzaba su rodilla derecha hacía delante de forma que su sexo quedaba oculto, de este modo podía  admirar mejor a aquel ejemplar masculino. Tiro de la correa hacía arriba y escupió la dichosa pelotita.


.- Espero que hayas quedado satisfecha.-
.- Si, te lo has currado. He quedado muyyy satisfecha y así lo haré constar a la agencia.- Le sonrió al tiempo que alargaba su mano para acariciar el musculoso torso del hombre.




Marta volvió a guardar el reproductor. Aquella agencia que le había sido recomendada  por una amiga intima era formidable. No era la primera vez que había requerido los servicios de "Cuéntame tu fantasía" ni tampoco iba a ser la última. Ella solo debía descolgar el teléfono y llamar, desde el otro lado se le requería una clave de tres dígitos y tres letras,a la vez que un nombre de usuario que no fuese el propio, una vez hecha la comprobación pertinente se le pasaba con un hombre de voz agradable, Marta debería decir cuando deseaba de sus servicios y todo el aparato logístico se ponía en marcha.
La agencia disponía de una ficha de cada cliente en la cual solo figuraba un numero de cuenta corriente, la clave y el numero de usuario correspondiente a este, en ella se especificaban sus fantasías y el tipo de hombre o mujer que se prefería si se deseaba que fuese una sorpresa, caso contrario en la pagina web podría visionarse el genero y elegir a la carta.
El cincuenta por ciento del valor de los servicios se cobrarían por adelantado y el resto después de  realizado el trabajo, siempre y cuando el cliente quedase satisfecho, echo este que solía ser habitual. La agencia se encargaba de todos los preparativos y no dejaba nada al azar, incluso las escenas del callejón habían sido grabadas desde un lugar oculto. Marta había dejado su automóvil estacionado en un parking ubicado en una calle contigua como se le había indicado y desde el momento que entró en aquella angosta calleja no sabía lo que iba a ocurrir, todo sería una sorpresa preparada por la agencia, eso si, sabía que todo estaba controlado y nada malo le podía suceder.
Unos días antes de lo acordado, el cliente recogía un paquete que previamente había sido dejado en un casillero de correos del que solo este y "Cuéntame tu fantasía" poseían una llave. Dentro del paquete, vestimentas, cualquier complemento que debiese utilizar y unas instrucciones a seguir. La empresa también disponía de servicio rápido, pero ella, como muchos otros clientes, prefería que fuese un día programado que no interfiriese en su vida cotidiana.


A sus cuarenta y cinco años Marta estaba de muy buen ver y podría haber tenido un affaire sin necesidad de recurrir a la agencia, pero su cerebro le aconsejaba no tener ningún tipo de relaciones esporádicas con ningún empleado de la empresa, ni con un cliente, ni con un socio, ni con nadie que pudiese condicionar en un futuro cualquier decisión que ella debiese tomar. Esto se lo dejaba para su marido que parecía pensar mas con el pene. De todos modos ella nunca le hubiese dicho a nadie conocido sus preferencias sexuales, por lo que prefería, una vez al mes desembolsar una nada despreciable suma de dinero y disfrutar de lo lindo sin ningún posible contratiempo. Al fin y al cabo le venía a salir mas barato que el alquiler del pisito que Luisa y su marido utilizaban ocasionalmente, con la ventaja que tenía el cambiar de amante cada vez.






Jorge entró en el salón con aquella maleta para viajes de poca duración que casi siempre llevaba consigo debido a su trabajo, se acercó al sofá donde Marta se hallaba leyendo una revista médica y beso a su esposa en los labios.


.- Hola cielo ¿Que tal todo por aquí?.
.- Ya ves, sola como siempre.- La pareja tenía dos hijos gemelos que se hallaban estudiando en Londres y que apenas veían un par de veces al año, sin contar las charlas que tenían por videoconferencia desde el ordenador.
.- Lo siento cariño, ayer hube de quedarme por una reunión que teníamos hoy a primera hora.- Se excusó el hombre por no haber llegado un día antes como estaba previsto.
.- Lo entiendo, no te apures.- No pudo evitar una sonrisa irónica.- ¿Que tal Luisa? ¿La has visto por Madrid?.-
.- Si ayer la vi casualmente, pero nada, un momento de pasada.- La sonrisa de ella se tornó aún mas irónica si cabe.-
  "Claro, y tanto que de pasada, menuda repasada te habrá dado".- Pensó para si


Marta había conocido a la amante de su esposo en una cena de partido y posteriormente habían coincidido en algunos otros eventos, la verdad es que se llevaba bastante bien con ella y además de hombre compartían algunas otros gustos. Tenía que reconocer que el bueno de Jorge seguía teniendo buen gusto para las mujeres.  


.-Voy adarme una ducha.¡Vengo hasta los mismisimos de tanto viajecito!.- Se dirigió al baño de su dormitorio y la mujer volvió a quedar sola en la estancia.


Aunque su vista continuó posada sobre la revista científica sus pensamientos no estaban allí, la próxima vez  no se llamará Gina, en esta ocasión su papel será el de Adela , una empleada de hogar ilegal en el país, su imaginación le augura que seguramente deberá sumirse a los mas bajos y degradantes instintos sexuales del dueño de la casa donde sirve para no ser repatriada a su lugar de origen.





Un escalofrío recorrió su cuerpo, aquella noche Jorge pagaría aquel deseo que se había despertado en ella al imaginarse lo que podría suceder unos días mas tarde.




Una vez hubo salido de la ducha el hombre levanto la tapa del ordenador que había dejado sobre la cama, pulso su contraseña y sus dedos se movieron con fluidez sobre el teclado. La ventana que se abrió mostró un numero de clave y la demanda de un servicio, se trataba de Marta que volvía a reclamar una sesión de sexo desenfrenada.
Jorge sonrió, sabía que su esposa sospechaba que el y  Luisa eran una especie de amantes, lo que ignoraba es que en realidad eran los dos únicos socios de "Cuéntame tu fantasía" , lo que no desmentía que se hubiese acostado en alguna ocasión con ella. Solamente ellos conocían a sus clientes, tenían que saber con quienes trabajaban y para ello un detective de la agencia investigaba a quién recogía los paquetes que eran dejados en el casillero de correos. No podían dejar nada al azar.
Se preparó adecuadamente para recibir a Marta , sabía que el iba a ser aquella noche quién iba a disfrutar del mejor sexo que ella pudiera ofrecerle. Hoy despertaría en ella su fiera interior en lugar de la oveja que demandaba los servicios de la agencia. Todas las personas tenemos un rostro oculto, en el caso de Marta eran dos completamente opuestos y el los conocía.





10 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
CASASREALESDESNUDAS dijo...

Ya sabes, el placer es mio dejandote caer por aquí para leer estas narraciones escritas a mi manera.
Un fuerte abrazo y que pases una semana genial Antonio.

fus dijo...

un placer volver a leerte, eres un verdadero narrador.

un fuerte abrazo

fus

CASASREALESDESNUDAS dijo...

Hola fus, me alegra que estés de nuevo por aquí y que te haya gustado mi forma de describir este relato.
Hasta pronto amigo y que tengas una semana estupenda.

Tere dijo...

wow, desde luego me has dejado impresionada con esta entrada, me ha enacntado conocer tu blog!

besitos!

CASASREALESDESNUDAS dijo...

Hola Tere, es un placer que te hayas dejado caer por aquí.
Me alegra que te haya impresionado el relato favorablemente, esa es la intención.
Un beso guapa.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Estupendo el texto.

Feliz año, y este que entra esté lleno de cosas buenas.

Saludos.

CASASREALESDESNUDAS dijo...

Gracias Antonio por la visita y por tu comentario.
Esperemos que este año amanezca por donde y como debe.
Un fuerte abrazo.

Rosa de los Santos dijo...

Que imajinación mas desbordante, caliente y pasional!
saludos

Manuel María Torres Rojas dijo...

Seguiré tratando de ir leyendo algunos otros de tus bien tramados relatos...
Salu2